
Lo que conocemos como Fenicia, corresponde al nombre de una antigua civilización que estaba asentada en la región en que actualmente se encuentra el Líbano. Los fenicios fueron expertos marineros, ya que basaron su cultura hegemónica en el comercio marítimo, que les llevó establecer rutas marítimas comerciales por todo el Mediterráneo e incluso a lugares tan distantes como la costa oeste de África (se especula con que llegaron a doblar el Cabo de Buena Esperanza) las Islas Británicas (algo que no se puede probar arqueológicamente, pero se puede suponer) o Norteamérica y Brasil (en ambos casos, no parece tan claro).La cultura fenicia floreció entorno al período comprendido entre los años 1.200 a.C. y 900 a.C. y se aglutinó, sobretodo, alrededor de varias ciudades principales: Biblos, Sidón y Tiro. En su lengua original, se autodenominaban kena´ani, siendo el fenicio un lenguaje cananita, perteneciente a la familia de las lenguas semíticas.El término Fenicia es griego, puesto que éstos denominaban a la tierra que ocupaban los fenicios como Phoiniki, un término que tomaron prestado del vocablo egipcio Fnkhw, que podríamos traducir por “sirios”. Debido a la similitud fonética, la palabra griega para designar Fenicia era sinónimo del color púrpura (phoínix), puesto que en Tiro se elaboraba el famoso tinte de ese color que procedía del molusco gasterópodo del género Murex (que en España se conoce como cañadilla o canaílla), por el que se pagaba un alto precio en el mercado, debido a que para obtener un solo gramo de tinte, eran necesarios unos 10.000 moluscos y era un color que no se podía conseguir de otra forma (que se supiera). Así, los fenicios eran conocidos como “El pueblo púrpura”.
Sus orígenes
.Según estudios recientes financiados por la revista National Geographic, al analizarse el cromosoma Y de los huesos procedentes de antiguos enterramientos fenicios y cotejarlos con los de personas vivas actualmente, ya sea en el Líbano o en cualquier otra parte del Mediterráneo, se ha podido demostrar que el material genético es el mismo. Aún más, la línea sanguínea fenicia proviene de antiguos substratos mediterráneos. Pero, ¿de dónde salieron los fenicios?.Según Heródoto: “De acuerdo a los Persas, los mejor versados en Historia, los primeros fenicios tuvieron discrepancias entre sí y una parte de ellos se desplazó a las cuencas del Mar de Eritrea, habiendo migrado al Mediterráneo desde un lugar desconocido y asentándose en lugares inhabitados, aventurándose posteriormente, a realizar largos viajes más allá de Egipto y Asiria…”Sin embargo, esta breve descripción de Heródoto sobre el origen de los fenicios, actualmente se considera poco más que una leyenda, puesto que sabemos a día de hoy que realmente los fenicios eran, seguramente, cananitas. Según las Tablillas de Amarna, del siglo 14 a.C. se autodenominaban Kenaani o Kinaani, o sea, cananitas. Sin embargo, muchos arqueólogos piensan que los fenicios son sencillamente indistinguibles de los descendientes de los primigenios cananitas, que durante siglos desarrollaron una particular cultura y habilidad. Otros creen, al igual que Heródoto, que la cultura fenicia debió basarse en un origen externo. Tenemos pues, toda clase de exposiciones: que los fenicios eran comerciantes que procedían del País de Punt (el Ta Netjer egipcio o Tierra de los Dioses) basándose en antiguos papiros de las primeras dinastías, siendo la ubicación de Punt uno de los grandes misterios de la arqueología actual, puesto que se ha situado desde algún punto al sur de Nubia (actualmente Sudán), como en las tierras altas de Etiopía, al sur de Eritrea e incluso en el actual Líbano; que los fenicios tienen algún tipo de relación con los minoicos, con los Pueblos del Mar, con los filisteos e incluso que se trata de una de las Doce Tribus perdidas de Israel, concretamente la de Dan.Mientras que el lenguaje semítico de los fenicios, así como algunas de las invasiones de Biblos, sugieren que los orígenes de este pueblo está en la migración semítica que se desplazó a la zona y tuvo lugar entre el 2.300 a.C. y 2.100 a.C., tampoco parece descartarse una mezcla de dos culturas, la originaria de la zona, no semítica, y la correspondiente a esas migraciones.Hay, sin embargo, un contrapunto a esta teoría que tiene que ver con el ámbito marinero. Para el historiador Gerhard Herm, si bien sabemos que los fenicios eran legendarios navegantes, no está demostrado que lo fueran hasta una fecha a posteriori de la invasión de los Pueblos del Mar en la zona (hacia el 1.200 a.C.). Luego, se podría dar el caso de que los integrantes de estas invasiones, se mezclaran con la cultura original, dando lugar a los fenicios, que desde ese momento se convirtieron en los más avezados marineros de la Antigüedad, siendo está explosión de conocimiento marinero, demasiado rápida para producirse de forma espontánea. Hay también una serie de evidencias arqueológicas que demuestran que los filisteos, parte integrante de el conglomerado de culturas que eran los Pueblos del Mar, estaban relacionados con los minoicos, que también eran conocidos por ser excelentes navegantes.Como vemos, lejos de estar resuelto, el origen de los fenicios sigue siendo un controvertido misterio.El imperio económico y cultural.A día de hoy, los expertos consideran que Fenicia fue un primer ejemplo de “economía global” dirigida por imperios. El momento de máximo esplendor de la cultura fenicia se sitúa entorno al 1.200 a.C. y 800 a.C.La mayoría de los asentamientos fenicios más importantes tuvo lugar durante todo este período: Biblos, Sidón, Tiro, Simyra, Aradus y Beritus ya aparecen en las Tablillas de Amarna si bien los primeros restos arqueológicos con elementos culturales claramente identificables con la cultura fenicia, corresponden a fechas tan tempranas como el III milenio a.C.Realmente, Fenicia no era una nación, sino una liga de ciudades – estado, semejantes a las que encontraremos con posterioridad en la Grecia Clásica. A principios de la Edad del Hierro, alrededor del año 1.200 a.C., la repentina y violenta aparición en la parte oriental del Mediterráneo de los Pueblos del Mar, que desplazaron el centro de poder en la zona, dominada por hititas y egipcios, permitieron el florecimiento de las ciudades fenicias, convirtiéndose en potencias marineras.Despunta muy pronto entre las demás, la ciudad de Biblos, que se vuelve el centro del dominio fenicio en el Mediterráneo. Ya alrededor del 1.000 a.C., Tiro y Sidón reclaman su parcela de poder, convirtiéndose ahora Tiro en la ciudad hegemónica, bajo el mando de Hiram I (969 – 936 a.C.). Es en este período del liderazgo de Tiro, en que se funda Cartago (en el año 814 a.C.) bajo el reinado de Pigmalión (820 – 774 a.C.).Se creaba así la futura potencia que habría de desafiar a Roma siglos después.
El comercio fenicio
.Durante los siglos que siguieron a su creación como “ente nacional”, los fenicios crearon la mayor flota naval y se convirtieron los más poderosos comerciantes de la región. Su habilidad para crear los famosos tintes de púrpura (un secreto celosamente guardado), con el que fabricaban ricas telas y ropajes, comerciar con la madera de cedro de su entorno, o la exportación del vidrio, del que son reconocidos como creadores, les permitió abrir una serie de rutas comerciales marítimas, que eran verdaderas autopistas del mar.A través de éstas, importaban, por ejemplo, plata y estaño de España y cobre de Chipre, obteniendo a posteriori bronce. Además, las rutas comerciales (caravaneras) de Asia, convergían en la costa fenicia, con la consiguiente riqueza que ello les aportaba. Por si fuera poco, su olfato para los negocios, les llevó a establecer asentamientos comerciales por todo el Mediterráneo, cuidadosamente seleccionados y siempre de forma que pudieran dominar las rutas comerciales que dominaban.Los buques fenicios, solían hacer la ruta de la costa sur de España, bordeando la costa y llegando hasta Portugal. Actualmente, los pescadores de Nazaré y Aveiro, en el Algarve portugués, dicen ser descendientes de los fenicios y puede haber algo de cierto en ello, ya que sus barcos tienen proas muy altas y están pintados con símbolos místicos, de forma similar a los buques de comercio fenicios.Lo cierto es que ya antes del reinado de Salomón, los fenicios habían atravesado las Columnas de Hércules (el Estrecho de Gibraltar) y se aventuraban en el Atlántico, recorriendo las costas del África Occidental y llegando hasta las actuales Gambia y Senegal, y comerciando con las Islas Canarias, Madeira y las Azores. Posteriormente, hacia el S.VI a.C., el almirante cartaginés Hanno, llegó hasta el Cabo de Buena Esperanza, lo dobló, y se introdujo en el Mar Rojo. O eso se cree.Si bien existen pruebas no del todo contrastadas, parece casi demostrado que los fenicios también arribaron a las costas de Gran Bretaña y que se aventuraron por el Báltico, de forma esporádica y nunca estableciendo una ruta comercial. Existen teorías que indican que llegaron a Brasil y la costa sur de los Estados Unidos, si bien se trata, como decimos, de teorías que ya trataremos en Amarre.Las colonias fenicias exceptuando Cartago, eran puramente factorías y asentamientos comerciales ubicados en lugares que disponían de elementos materiales que interesaban a la metrópoli. Por ejemplo, Chipre fue colonizada por la riqueza de sus yacimientos de cobre y por la abundancia de madera; Cilicia por su madera; Thasos, por sus minas de oro; Salamis y Cithera, por su púrpura; Sardinia y la costa sur de España, por sus abundantes metales; el Norte de África, por la fertilidad de sus campos (riqueza agrícola) y por el comercio interior (que proporcionaba marfil, maderas, especias, pieles…).De este modo, toda esa riqueza material, iba a para a la metrópoli y retornaba a las colonias manufacturado en las más diversas formas: tejidos de lino, lana, algodón e incluso seda; diferentes variedades de alfarería, vidrios y ánforas, armas y utensilios de metal; joyas, perfumes y vinos… Este fue el inicio de las que habrían de convertirse en las poderosas rutas comerciales que explotaron con enorme éxito.En su comercio con las naciones que se asentaban en las costas del Mediterráneo, del Mar Negro o de cualquier otro lugar, primaba ante todo la necesidad de disponer siempre de aquello que necesitaban, seguida de sacar provecho de los bienes materiales obtenidos en otros países y en última instancia, de obtener aquello que les pudiera suponer una ventaja de cualquier tipo frente a otros estados o competidores.Supieron aprovechar muy bien su estatus social y cultural aventajado, y en aquellos lugares en los que se encontraban con gentes poco civilizadas o en los albores de la civilización, se preocupaban de suministrarles los elementos básicos para mejorar su calidad de vida, sabiendo que eso era una excelente fuente de ingresos: cerámicas, ropas, armas, ornamentos… De este modo, se granjearon una total dependencia de estas comunidades que les proporcionó el monopolio en esta clase de comercio, desplazando los productos nativos del mercado e implantando por doquier los suyos.A medida que la cultura avanzaba, como por ejemplo con el asentamiento de los griegos en Italia, introdujeron en el mercado lo mejor de su producción interna: todo tipo de elementos decorados con púrpura, vasos y jarras de cristal, brazaletes, anillos y joyas de oro, espejos… a la vez que se disponían a aprovecharse de las mercancías que obtenían de mercados como el egipcio, babilonio, asirio y muy posiblemente, el indio. Así, la muselina y el marfil del valle del Indo, los bordados del Kashmir, las alfombras de Babilonia o las perlas de Golfo Pérsico, se vendieron a precios que únicamente podían pagar las más ricas naciones, seguramente en oro y plata así como en las manufacturas que interesaban a los fenicios: las cerámicas del Ática, los utensilios metálicos de Corinto, los candelabros y espejos de Etruria…Lo cierto es que fueron unos verdaderos maestros de la economía de mercado y podemos aventurar que los primeros en globalizarlo.